
En el marco del II Domingo de Pascua, también conocido como el Domingo de la Divina Misericordia, el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, dirigió un mensaje a la comunidad católica en el que destacó la importancia de vivir la misericordia como eje central de la fe cristiana.
Durante su homilía, correspondiente al Ciclo A y basada en los textos de Hechos de los Apóstoles (2, 42-47), la Primera Carta de San Pedro (1, 3-9) y el Evangelio de San Juan (20, 19-31), el prelado recordó que esta celebración cierra la Octava de Pascua y pone especial énfasis en la misericordia de Jesucristo.
El arzobispo evocó la figura del papa Juan Pablo II, quien en el año 2000 canonizó a María Faustina Kowalska, religiosa que difundió la devoción a la Divina Misericordia tras recibir revelaciones entre 1925 y 1938.
Señaló que, aunque estas manifestaciones fueron inicialmente cuestionadas, hoy cuentan con el respaldo de la Iglesia, y dieron origen a prácticas como el rezo de la coronilla de la misericordia.
Rodríguez Vega explicó que dicha devoción tiene tres propósitos fundamentales: obtener la misericordia divina, confiar en Cristo y practicar la misericordia con los demás. En este sentido, subrayó que quien no es misericordioso con su prójimo difícilmente comprende el verdadero espíritu de esta fe.
Asimismo, recordó que Santa Faustina enfrentó pruebas personales, como problemas de salud y cuestionamientos sobre sus experiencias, pero perseveró en su misión espiritual. Sus escritos continúan en estudio, con la posibilidad de que en el futuro sea reconocida como Doctora de la Iglesia.
En su mensaje, el arzobispo también destacó el modelo de vida de la Iglesia primitiva, descrito en los Hechos de los Apóstoles, donde los fieles vivían en comunidad, compartían sus bienes y se mantenían firmes en la enseñanza, la oración y la fracción del pan. Señaló que este estilo de vida sigue vigente tanto en comunidades religiosas como en grupos laicales y familias que viven su fe como “iglesias domésticas”.
En referencia a la carta de San Pedro, enfatizó que la resurrección de Cristo es fuente de esperanza, incluso en medio de las dificultades, y llamó a los fieles a mantener la alegría pascual pese a las adversidades.
Al reflexionar sobre el Evangelio, resaltó la aparición de Jesús resucitado a sus discípulos, a quienes ofreció paz y el don del perdón de los pecados, sin reproches por su abandono. Subrayó que este acto representa la extensión de la misericordia divina, especialmente a través del sacramento de la confesión.
Como ejemplo de vida espiritual, mencionó al beato Carlo Acutis, quien a su corta edad vivió con profunda devoción, participando diariamente en la Eucaristía y confesándose con frecuencia.
Finalmente, el arzobispo recordó el pasaje del apóstol Tomás, quien al encontrarse con Cristo resucitado proclamó: “Señor mío y Dios mío”, destacando que la fe se fortalece en comunidad y exhortando a los fieles a no alejarse de ella, especialmente en la celebración dominical.
Rodríguez Vega concluyó su mensaje invitando a los creyentes a perseverar en la oración, la vida comunitaria y la participación en la Eucaristía, como medios para encontrarse con Cristo resucitado y vivir plenamente la misericordia.
