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MÉRIDA, Yucatán.— En su homilía correspondiente al XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, el Arzobispo de Yucatán, + Gustavo Rodríguez Vega, destacó la importancia del perdón como una condición fundamental para alcanzar la paz espiritual y llamó a los fieles a dejar atrás el rencor, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

Al reflexionar sobre las lecturas de este domingo —Sir 27, 33–28, 9; Rom 14, 7-9; y Mt 18, 21-35—, el prelado explicó que el libro del Sirácide o Eclesiástico plantea la necesidad de perdonar las ofensas antes de pedir perdón a Dios.

Recordó que el texto bíblico señala: “Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados” (Sir 28, 2), enseñanza que también está presente en la oración del Padre Nuestro cuando los creyentes dicen: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Rodríguez Vega señaló que esta petición representa un compromiso que no debe pronunciarse de manera superficial, pues implica estar dispuestos a perdonar a quienes han causado algún daño.

Asimismo, relacionó la reflexión con quienes enfrentan una enfermedad, al considerar que esos momentos pueden convertirse en una oportunidad para revisar la propia vida, arrepentirse y abandonar el rencor. Citó nuevamente al Sirácide: “Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor?” (Sir 28, 3).

El Arzobispo de Yucatán indicó que, cuando existe la posibilidad, la confesión y la recepción de la Santa Unción de los Enfermos representan una ayuda importante, aunque subrayó que no es necesario esperar la llegada de un sacerdote para comenzar a arrepentirse y perdonar.

Al referirse al salmo 102, destacó la proclamación de que “El Señor es compasivo y misericordioso”, y sostuvo que ningún pecado puede opacar la misericordia infinita de Dios cuando existe un arrepentimiento sincero, confianza en Él y disposición para perdonar.

También afirmó que detrás de los medicamentos, los médicos y los cuidados de enfermería puede reconocerse la acción de Dios en la recuperación de una persona enferma. En contraste, señaló que cuando una persona fallece, desde la perspectiva de la fe, es porque el Señor la ha llamado a su presencia.

“SETENTA VECES SIETE”

El Evangelio de san Mateo fue el punto central de la reflexión. Rodríguez Vega explicó que cuando Pedro pregunta a Jesús si debe perdonar hasta siete veces, el número no debe entenderse literalmente, sino como un símbolo de plenitud y perfección dentro del lenguaje judío.

Por ello, destacó la respuesta de Jesús: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 22).

El Arzobispo explicó que, mediante la parábola del rey que perdona una enorme deuda a uno de sus servidores, pero posteriormente descubre que éste se negó a perdonar una deuda mucho menor a un compañero y lo envió a la cárcel, Jesús muestra la enorme diferencia entre la misericordia de Dios y los rencores que las personas pueden acumular durante años.

Rodríguez Vega advirtió que conservar resentimientos termina dañando a quien los mantiene y también afecta a quienes se encuentran a su alrededor.

En este contexto, hizo referencia a las frecuentes matanzas registradas en distintos lugares de México y señaló que algunas tienen como trasfondo la venganza, la cual calificó como injustificada ante Dios y desproporcionada, especialmente cuando las víctimas son personas inocentes o comerciantes que carecen incluso de recursos para pagar una cuota.

PERDONAR PARA CONSERVAR LA PAZ

El prelado sostuvo que perdonar es una necesidad personal para conservar la paz y la salud, y consideró que contemplar con seriedad la cruz de Cristo debería llevar a desaparecer los resentimientos.

Compartió también experiencias de sus años de sacerdocio, cuando algunas personas acudieron a confesarse y relataron detalladamente las ofensas recibidas, buscando que se justificara su rencor o su negativa a perdonar.

Recordó particularmente el caso de una persona a quien aconsejó pedir a Dios por quien le había hecho daño, utilizando las palabras de Cristo en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

La persona respondió que, en su caso, el responsable sí sabía lo que estaba haciendo.

Ante ello, Rodríguez Vega insistió en que el creyente no debe alimentar el resentimiento, aunque reconoció que perdonar no significa necesariamente olvidar una ofensa.

Explicó que el objetivo es que, cada vez que se recuerde el daño, éste cause menos dolor y se convierta en una oportunidad para pedir a Dios por quien causó la ofensa: “Perdónala, Señor, porque no supo lo que hizo”.

Advirtió que mantener abierta la herida mediante el resentimiento sólo provoca más daño, mientras que mirar las situaciones desde la fe permite superar las faltas y avanzar hacia la reconciliación.

AMAR COMO JESÚS

Finalmente, el Arzobispo de Yucatán aclaró que perdonar es una expresión del amor auténtico y no significa necesariamente sentir afecto por quien ha ofendido.

Se trata, explicó, de reconocer desde la fe que la otra persona también es hija de Dios y abandonar los deseos de venganza, rezar por sus necesidades y hacer el esfuerzo de tratarla con educación y respeto cuando sea necesario encontrarse con ella.

Por ello, vinculó su reflexión con la aclamación antes del Evangelio, tomada de san Juan: “Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado” (Jn 13, 34).

Rodríguez Vega subrayó que el modelo para amar no debe ser la manera en que cada persona considera que sabe amar, sino la forma en que Jesucristo ha amado, como referencia para la vida de los creyentes.

Al concluir su homilía, el + Gustavo Rodríguez Vega, Arzobispo de Yucatán, deseó a los fieles una feliz semana y expresó: “¡Sea alabado Jesucristo!”.

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