



MÉRIDA, YUCATÁN, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2025.– Hace exactamente 23 años, la Península de Yucatán vivió uno de los episodios más devastadores de su historia reciente: el huracán Isidoro, que golpeó con furia el 22 de septiembre de 2002 y se convirtió en referente de destrucción y tragedia para toda una generación.
El ciclón, que alcanzó la categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, ingresó por la costa norte de Yucatán con vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora y rachas de hasta 230 km/h. Lo que agravó su impacto fue su comportamiento inusual: Isidoro permaneció prácticamente estacionado sobre la península durante más de 30 horas, descargando lluvias torrenciales que provocaron severas inundaciones.
En Mérida, colonias enteras quedaron bajo el agua, mientras que en los municipios del interior miles de familias perdieron sus viviendas y pertenencias. Las comunidades costeras como Progreso, Celestún, Dzilam de Bravo y Telchac Puerto fueron arrasadas por el viento y la marejada ciclónica, que destruyó embarcaciones y dañó la infraestructura pesquera.
De acuerdo con cifras oficiales, 22 personas perdieron la vida en México como consecuencia del huracán, la mayoría en Yucatán. Más de 300 mil habitantes resultaron damnificados y las pérdidas materiales fueron millonarias: la agricultura quedó devastada, la red eléctrica colapsó y el turismo sufrió daños severos que tardaron meses en recuperarse.
En aquel entonces, el presidente de México, Vicente Fox Quesada, declaró a Yucatán como zona de desastre y recorrió las áreas afectadas junto con el gobernador Patricio Patrón Laviada, quien encabezó las labores de emergencia y reconstrucción.
Isidoro no solo dejó destrucción material, sino también una huella imborrable en la memoria colectiva. Para muchos yucatecos, septiembre de 2002 quedó grabado como el mes en que la península quedó paralizada por la fuerza de la naturaleza. A partir de esa experiencia, la cultura de prevención y el fortalecimiento de los sistemas de protección civil tomaron un nuevo impulso en la región.
Hoy, a 23 años de distancia, Isidoro sigue siendo recordado como un parteaguas en la historia de Yucatán: un huracán que mostró la vulnerabilidad de la península, pero también la resiliencia de su gente frente a la adversidad.
