
Domingo 20 de julio de 2025 — Con profundo amor pastoral y claridad en su mensaje, se compartió la homilía correspondiente al XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C, centrada en las lecturas de Génesis 18, 1-10, Colosenses 1, 24-28 y el Evangelio de Lucas 10, 38-42. La frase central del Evangelio, “Muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que sólo una es necesaria”, marcó el eje de la reflexión dirigida a todos los fieles.
El mensaje comenzó destacando el sentido cristiano del sufrimiento, haciendo eco a las palabras de San Pablo en su carta a los Colosenses: “Me alegro de mis sufrimientos por ustedes”. Se enfatizó que el dolor, cuando se ofrece con amor y en unión con la pasión de Cristo, tiene un valor redentor para el bien de la Iglesia, los seres queridos y la humanidad.
La homilía también abordó con valentía la realidad nacional, subrayando que en los actos de violencia que vive México diariamente —asesinatos, secuestros, abortos, trata de personas y abusos contra migrantes—, Jesús mismo es quien sigue siendo agraviado. Recordando el Evangelio de Mateo (25, 31-45), se dejó claro que “lo que hagan a uno de estos hermanos míos, a mí me lo hacen”, y que ante Dios no quedará impune ninguna injusticia. Se hizo un llamado firme a ofrecer el dolor al Señor, y a trabajar por mitigar el sufrimiento de los demás.
Dirigiéndose a los ministros de la Iglesia, se remarcó que la conciencia de ser servidores por disposición divina debe llevarlos a ejercer su labor con alegría y responsabilidad. Pero también se invitó a cada bautizado —padres, maestros, líderes, autoridades— a vivir su vocación con sentido y plenitud. “Corregir con amor” fue otro punto crucial: se advirtió que corregir sin caridad puede destruir la fe del prójimo, mientras que una corrección amorosa construye y transforma.
En este contexto, se hizo una analogía con los árbitros del futbol y las autoridades civiles, destacando la urgencia de actuar con justicia y firmeza, pero siempre con humanidad. Se recordó que quienes gobiernan tienen el deber de corregir al delincuente y proteger a las víctimas, especialmente si son creyentes y llevan el Evangelio en su corazón.
La parte final de la homilía se centró en el valor de la hospitalidad y la contemplación, a partir del encuentro de Abraham con los tres caminantes en Mambré y del pasaje de Jesús en la casa de Martha y María. Se explicó que así como Abraham no sabía que estaba recibiendo a Dios en su tienda, Martha y María tampoco sabían que tenían en su hogar al mismo Hijo de Dios. Esta enseñanza invita a todos a recibir al prójimo como a Cristo mismo.
Con ternura evangélica se recordó el reclamo de Martha a Jesús por la actitud contemplativa de su hermana María, y la respuesta del Maestro: “María ha escogido la mejor parte y nadie se la quitará”. Se exhortó a los fieles a no dejarse arrastrar por las preocupaciones cotidianas y a reservar momentos para la oración, la atención al otro y el descanso en Dios. “Sólo Dios basta”, se recordó con insistencia, como clave para encontrar sentido y paz en medio de la agitación diaria.
La homilía concluyó con una bendición para todos, deseando que la semana transcurra en gracia y atención a Dios y al prójimo. “¡Sea alabado Jesucristo!”, fue la expresión final que coronó un mensaje profundamente humano, espiritual y comprometido con la realidad.
