



MÉRIDA, Yucatán.— Ni el intenso calor ni la lluvia lograron detener una de las tradiciones más arraigadas del oriente de la ciudad. Con más de cuatro décadas de historia, el Viacrucis viviente del fraccionamiento Pacabtún volvió a reunir a cientos de fieles durante el Viernes Santo, en una jornada marcada por la devoción, el esfuerzo comunitario y la reflexión espiritual.
Desde las primeras horas de la mañana, habitantes de la zona se congregaron en el campo de béisbol de la colonia para participar en el recorrido de las 14 estaciones, que rememoran la pasión y muerte de Jesucristo. El evento dio inicio alrededor de las 10:00 horas con la escenificación del juicio y la condena.
En esta edición, el papel de Jesús fue interpretado por el joven de 18 años Ángel Eduardo Puc Lozano, quien relató que se preparó desde enero tanto física como espiritualmente para asumir este reto, que implicó recorrer cerca de kilómetro y medio cargando la cruz bajo condiciones climáticas exigentes.
A lo largo del trayecto, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) implementaron un operativo de vialidad para resguardar a los asistentes, mientras que integrantes de grupos scouts apoyaron en la organización del contingente y la delimitación de los espacios en cada estación.
Uno de los momentos más emotivos se vivió durante la cuarta estación, cuando se representó el encuentro de Jesús con la Virgen María. Más adelante, sobre la calle 41, se escenificó la intervención de Simón de Cirene, obligado por los soldados romanos a ayudar a cargar la cruz.
El calor alcanzó temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados, con una sensación térmica aún mayor debido a la humedad, lo que obligó a muchos asistentes a buscar sombra mientras avanzaba la representación. Durante el recorrido también se escenificaron las caídas de Jesús, así como el gesto de la Verónica al limpiar su rostro y el consuelo a las mujeres de Jerusalén.
En la recta final, ya en el atrio techado del Santuario del Divino Niño Jesús, se llevó a cabo la crucifixión. En medio de la escena, un hecho curioso llamó la atención de los presentes: un perro callejero se acercó al actor que representaba a Jesús mientras permanecía en el suelo, generando sorpresa entre los asistentes.
Poco después, la lluvia hizo su aparición, aunque no afectó el desarrollo de la ceremonia, ya que el público se encontraba resguardado. En ese espacio se realizó la meditación de las Siete Palabras y se escenificó la muerte de Cristo, seguida del descendimiento y la imagen de la Virgen María sosteniendo el cuerpo de su hijo.
La representación concluyó con el traslado simbólico al sepulcro de José de Arimatea, cerrando así una jornada de profunda carga espiritual.
Las actividades religiosas continuaron por la tarde con la Liturgia de la Pasión de Cristo, y por la noche se programaron la tradicional Marcha del Silencio, el rosario de pésame a la Virgen María y la veneración del Santo Sepulcro.
En redes sociales, vecinos y participantes destacaron la organización del evento y el compromiso de la comunidad para mantener viva esta tradición que, año con año, fortalece la identidad y la fe en Pacabtún.
