
Mérida, Yucatán, 10 de enero de 2026.— En el marco del III Domingo del Tiempo de Navidad, correspondiente a la fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo A), el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, exhortó a las y los fieles a renovar el sentido de su bautismo y a asumir una vida cristiana marcada por el bien, la humildad y la obediencia a Dios.
Durante su homilía, basada en las lecturas Isaías 42, 1-4. 6-7; Hechos 10, 34-38; y Mateo 3, 13-17, el prelado explicó que esta celebración cierra el tiempo litúrgico de Navidad y da inicio al Tiempo Ordinario, subrayando que el bautismo de Jesús en el Jordán representa su manifestación pública y el comienzo de su ministerio evangelizador.
Rodríguez Vega recordó las palabras de san Máximo de Turín, quien describe esta fiesta como una especie de “nuevo nacimiento” de Cristo, y destacó que en el bautismo de Jesús se revela plenamente la Santísima Trinidad: el Hijo que se bautiza, el Padre que lo reconoce como su Hijo amado y el Espíritu Santo que desciende en forma de paloma.
El arzobispo señaló que, así como Jesús fue ungido por el Espíritu, también cada bautizado es llamado a reconocerse como hijo amado de Dios. Invitó a una reflexión personal al preguntar qué diría hoy la voz del Padre sobre la vida de cada creyente. En ese sentido, enfatizó que el bautismo no solo libera del pecado, sino que compromete a “pasar haciendo el bien”, como resume san Pedro la obra de Jesús en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Al referirse al gesto de Jesús de colocarse en la fila de los pecadores para ser bautizado por Juan el Bautista, el arzobispo destacó la humildad y solidaridad del Señor, quien sin pecado alguno asumió la condición humana hasta el extremo, anticipando incluso su crucifixión entre malhechores. Añadió que el título de “siervo de Dios” es el que mayor dignidad otorga al ser humano y constituye un modelo de verdadera libertad espiritual.
En otro momento, Rodríguez Vega hizo un llamado a orar por los sacerdotes, reconociendo que, como ministros, también enfrentan momentos de espera, cansancio y necesidad de fortaleza espiritual en el servicio pastoral.
Finalmente, el arzobispo recordó que este año se conmemora el centenario del inicio de la persecución contra la Iglesia Católica en México, durante la cual sacerdotes y laicos fueron martirizados, expulsados o forzados a celebrar los sacramentos en la clandestinidad, muchos de ellos al grito de “Viva Cristo Rey” y “Viva la Virgen de Guadalupe”. Ante este recuerdo histórico, expresó gratitud por la libertad religiosa que hoy se vive en el país.
La homilía concluyó con una acción de gracias a Dios y un deseo de paz y bendiciones para la comunidad, cerrando con la expresión: “¡Sea alabado Jesucristo!”.
