




Desde muy joven, Daniel Ayala descubrió una vocación que con el paso de los años se convirtió en su forma de vida: la elaboración artesanal de piñatas. Tenía apenas 13 años cuando conoció a un hombre al que todos llamaban “El Gato”, vecino de una colonia al oriente de la ciudad, quien le enseñó con paciencia y cariño los secretos de este oficio tradicional.
Con el tiempo, aquel maestro se mudó a la colonia Juan Pablo II y, aunque falleció hace cinco años, dejó en Daniel una herencia invaluable: el amor por crear piñatas hechas con dedicación y esmero. “Me dejó el gusto por este trabajo y el compromiso de hacerlo bien”, recuerda Daniel con emoción.
Durante la actual temporada decembrina, la actividad en su taller ha sido intensa. “El 24 y 25 se vendió muy bien y esperamos que el 31 y el primero de enero también. Ya pasó la temporada de Santa Claus y ahora estamos trabajando las piñatas de los viejitos. Gracias a Dios hay muchos pedidos”, comenta.
No todo ha sido sencillo. Las recientes jornadas nubladas y lluviosas retrasaron el proceso de elaboración, ya que la humedad impide decorar correctamente las piezas.
Daniel explica que la fécula de maíz utilizada como engrudo puede manchar los diseños si el clima no ayuda. “Prefiero esperar a que seque bien; no puedo entregar algo que no tenga calidad”, señala.
Para él, la mayor satisfacción llega cuando los clientes reconocen su trabajo. “Es muy bonito cuando los papás te felicitan por los colores y los diseños, o cuando los niños dicen que la piñata está tan bonita que no la quieren romper”, comparte.
A diferencia de otros productores, Daniel no surte a grandes dulcerías del centro, ya que muchas personas que conocen su trabajo acuden directamente con él. Esto le permite ofrecer precios accesibles, al ser productor directo y no revendedor. Sus piñatas tienen costos que van desde los 100 hasta los 400 pesos.
Confiesa que una de las cosas que más le entristece es ver que a un niño se le niegue la ilusión de romper una piñata por motivos económicos. “Por eso trato de mantener precios justos, para que todos puedan tener una”, afirma.
Otro aspecto que distingue su trabajo es que Daniel diseña sus propios modelos. Sus clientes suelen solicitarle figuras vistas en películas o caricaturas, y también ha realizado encargos especiales, como una retroexcavadora y un tractor, solicitados por clientes el año pasado.
Aunque en esta época predominan las piñatas de siete picos, que simbolizan los pecados capitales, junto con las de Santa Claus y los viejitos, el trabajo no se detiene durante el resto del año. Cumpleaños, Día del Niño y celebraciones especiales mantienen activa la demanda.
En cuanto a las preferencias, Daniel comenta que las princesas son las favoritas para las niñas, mientras que los superhéroes dominan entre los niños. Las figuras de Paw Patrol siguen siendo, sin duda, las más solicitadas, aunque la variedad de modelos es amplia.
“Lo bonito de este trabajo es que mientras haya niños, siempre habrá piñatas”, concluye Daniel Ayala, mejor conocido como Dany, a quien se puede visitar en su domicilio ubicado en la calle 79 por 58 C y 60, casi frente a la Tlapalería Cano, en el fraccionamiento Santa Isabel, en Kanasín, o bien contactarlo al 99 94 93 96 08.
