


Mérida, Yucatán.– En las memorias de los yucatecos de antaño aún resuena un estribillo inolvidable que salía de la radio, acompañado de voces familiares:
“Ruben’s King, ¡zapatos que duran, duran, y requete duran!!!”
Lo decían Don Belito Sosa, Don Raúl Castillo Sesías y hasta cómicos regionales como Chela y Ponso o Cirilo, dando vida a una marca que se volvió parte del paisaje sonoro de Yucatán en los años dorados de la radio.
Detrás de aquel anuncio, estaba la visión y el esfuerzo de Don Rubén Eduardo Quintal Maldonado, un hombre de origen humilde de Hunucmá, maestro rural de formación, apicultor por pasión y zapatero por destino.
EL SUEÑO INICIO DE UN SUEÑO
En 1945, la necesidad de sostener a su familia lo llevó a emprender con una fábrica de zapatos para hombre que alcanzó a producir entre 8,000 y 10,000 pares semanales. Eran otros tiempos: los zapatos se hacían con suela de cuero, hilo de algodón encerado y manos expertas, pensados para acompañar toda la vida a quien los calzara.
El primer local de Ruben’s King estuvo frente a la Plaza Grande, en el cruce de las calles 62 y 63, donde hoy funciona una panadería. Además de sus propios modelos, Don Rubén fabricaba calzado para Don Nacho Isaac, dueño de la marca Cananea, que se atrevió a competir con la legendaria Canadá.
“Mi papá fue muchos años subcontratista de Cananea, él fabricaba los zapatos y ellos ponían la etiqueta”, recuerda con orgullo Vidal Quintal San Miguel, uno de sus hijos, quien hoy mantiene viva la herencia familiar.
EL GIRO DEL DESTINO
Con el tiempo, la competencia golpeó fuerte. La llegada de una zapatería de Guadalajara frente al Bazar García Rejón, donde ya se encontraba Ruben’s King, marcó el inicio del declive. Fue entonces cuando Don Rubén decidió transformar su sueño: dejar atrás la producción masiva y apostar por la cercanía con la gente.
Así nació la Reparadora Hunucmá, instalada en la esquina del Candado, donde los hijos de Don Rubén —Vidal, Ricardo y Alberto— aprendieron a trabajar el cuero, el hilo y la paciencia del zapatero.
El 6 de marzo de 1994, Don Rubén adquirió un local dentro del Bazar García Rejón. No pudo disfrutarlo mucho tiempo: falleció apenas dos meses después, el 30 de mayo, a los 66 años. Desde entonces, la reparadora se convirtió en un homenaje vivo.
TRADICIÓN QUE PERSISTE
Hoy, en ese mismo espacio, Vidal Quintal continúa el legado, acompañado de su esposa Amalia Morales Díaz y su hija Lupita, abogada como su padre, pero también heredera de la pasión por el oficio.
Allí, entre el olor a cuero y pegamento, se reparan zapatos de marca, mochilas, maletas, cinturones, bolsas e incluso se confeccionan brazaletes de piel para relojes. La clientela no solo busca un servicio: encuentra confianza, dedicación y el eco de una tradición que se resiste a desaparecer.
“Me gusta mucho reparar cosas —dice Vidal, mientras acomoda una máquina de coser antigua—. La gente nos conoce, nos da su confianza y nosotros somos felices cuando se van satisfechos”.
LA NOSTALGIA HECHA PRESENTE
La historia de Ruben’s King no es solo la de una marca que acompañó a generaciones de yucatecos, sino la de una familia que supo reinventarse frente a la adversidad. Desde Hunucmá hasta Mérida, del bullicio de una fábrica a la intimidad de una reparadora, se trata de un relato donde el trabajo duro, la memoria y el orgullo familiar se entrelazan como costuras que resisten el paso del tiempo.
Porque, al final, los zapatos de Don Rubén no solo duraban.
También dejaron huellas imborrables en la tierra y en el corazón de Yucatán.
