

MOTUL, YUCATÁN.– Desde la tribuna, el cronista de Motul, Valerio Buenfil, ofreció un emotivo y documentado relato histórico en el que evocó los hechos ocurridos en diciembre de 1923 y enero de 1924, cuando se desató la persecución contra el gobernador Felipe Carrillo Puerto, su familia y sus colaboradores, así como la posterior represión contra quienes en Motul defendieron el proyecto socialista.
Buenfil recordó que en los archivos de la persecución judicial de 1924 figura el nombre de su abuelo, Valerio Buenfil, acusado por haber defendido la libertad del entonces gobernador. A cien años de distancia, el cronista afirmó que Motul selló su lealtad “con amor y con sangre”, al proteger a Felipe Carrillo Puerto y a Elvia Carrillo Puerto, a quienes definió como la dupla que inició el camino de la dignidad y la libertad en Yucatán.
De acuerdo con la crónica, el 8 de diciembre de 1923, el coronel Ricárdez Broca, al frente de oficiales desertores, inició la persecución contra Felipe Carrillo Puerto; sus hermanos Edesio, Benjamín y Wilfrido; el alcalde de Mérida Manuel Berzunza; y sus colaboradores Pedro Ruíz, Adrián Correa, Rafael Urquía, Marciano Barrientos, Cecilio Lázaro, Daniel Valerio, Julián Ramírez y Francisco May, trece hombres marcados por la historia.
El 12 de diciembre, la entonces Alameda de Motul —hoy plaza cívica— se llenó de pañuelos rojos. Frente a la Liga de Resistencia, en la esquina de la calle 29 por 26, personajes como Miguel Escalante, Valerio Buenfil y Ramiro Palma, junto con otros ciudadanos, organizaron la defensa. A las 2:30 de la tarde, el tren llegó a la estación y Felipe Carrillo Puerto descendió pronunciando la frase que quedó grabada en la memoria colectiva: “Nos están pisando los talones”.
Se decidió dinamitar las vías del ferrocarril para frenar el avance del ejército traidor, tarea encomendada a Miguel Escalante. Antes de partir rumbo al oriente, Felipe Carrillo Puerto prometió regresar a Motul. Sin embargo, el operativo fracasó y la persecución continuó.
En Tizimín, alrededor de 800 vaqueros, encabezados por Epifanio López, se organizaron para defenderlo con escopetas de caza. Allí se registraron gestos que quedaron en la memoria histórica, como el de Don Julián Mena, quien se negó a cobrarle las mantas al gobernador y le dijo: “Usted necesita más su pistola que yo, Gobernador”.
La traición ocurrió en El Cuyo, donde Felipe Carrillo Puerto fue capturado y regresado como prisionero a Tizimín el 22 de diciembre. Al ingresar al Palacio, aunque exhausto, recobró la dignidad al ver a su pueblo reunido. Temiendo que la multitud lo rescatara, los soldados dispararon al aire y lo trasladaron de inmediato a Mérida.
Tras el fusilamiento del 3 de enero de 1924, la represión se intensificó contra Motul. El 4 de enero inició una persecución sistemática encabezada por el Consejo Municipal en manos de los liberales, que exigió la detención de quienes permanecieron leales al carrillismo. Las denuncias de Manuel Cano, Julio Vecino y otros derivaron en acusaciones contra Ramiro Palma, Valerio Buenfil, Bruno Martínez y Pedro Aldana, así como en la persecución de Silvestre Kuk, Felipe Itzá, Gabino May, Magdaleno Euán, Rosalío Hernández, Anastasio Cortés, Ildefonso Can y Alfonso López, todos identificados como seguidores de Miguel Escalante.
Los testimonios de los choferes Enrique Manzanilla y Fidelio Pinto confirmaron que en Motul se arriesgó la vida en defensa del proyecto socialista. Muchos de esos hombres no solo perdieron a su líder, sino también su libertad, al ser encarcelados por creer en la justicia social.
El cronista recordó que la represión se extendió por todo Yucatán. En Cenotillo fue ejecutado José Ricardo Soberanis, presidente de la Liga de Resistencia; en Tizimín y Valladolid, líderes como Hipólito Dzib fueron perseguidos; en Progreso, se hostigó a Eulogio Basora; y en numerosos municipios, delegados socialistas, maestros de escuelas racionales, repartidores de tierras y secretarios de actas fueron señalados como criminales. Muchos terminaron en la Penitenciaría Juárez o fueron víctimas de la llamada ley fuga.
Finalmente, Valerio Buenfil afirmó que, a un siglo de distancia, esos nombres constituyen los cimientos de la identidad de Motul. Señaló que Felipe Carrillo Puerto cumplió su promesa de regresar, al hacerlo a través de la memoria de los perseguidos y de la voz de quienes se niegan a olvidar.
El acto concluyó con un llamado a honrar tanto a los personajes conocidos como a los mártires anónimos de los pueblos y las milpas, y con las consignas: “¡Que viva Felipe Carrillo Puerto! ¡Que viva el pueblo valiente de Motul, cuna del socialismo yucateco!”.
