



Serie: Arte que Renace
Defensa territorial y desarrollo sustentable — Margot
Secuencia periodística realizada por: Alice Oyoqui
En el puerto de Sisal, el arte urbano se ha convertido en una voz crítica frente a los desafíos ambientales. Como parte del Festival Renace, la artista francesa Margot desarrolla un mural de gran formato que cuestiona el rumbo del desarrollo en la zona y pone en el centro del debate la conservación de los manglares.
La obra aborda problemáticas como la presión inmobiliaria, la tala y el uso desmedido de los recursos naturales. Aunque nació en Francia, Margot lleva diez años viviendo en la península de Yucatán, donde ha orientado su trabajo creativo hacia la defensa del medio ambiente y la promoción de un turismo responsable.
“Estamos pintando para hablar de la deforestación, de la presión inmobiliaria sobre Sisal y de la importancia de crear conciencia sobre el cuidado de los ecosistemas”, explica la muralista.
UNA IMAGEN QUE INTERROGA EL PORVENIR
La pieza fue concebida como una composición simbólica, similar —según la propia artista— a la portada de una película. En ella destaca una figura humana que sostiene entre los labios un brote de manglar, metáfora de vida, regeneración y, al mismo tiempo, de la fragilidad de estos ecosistemas costeros.
El paisaje natural del puerto sirve como telón de fondo para una pregunta implícita: ¿podrá Sisal resistir la expansión urbana y turística o terminarán desapareciendo sus manglares?
Durante el proceso creativo, Margot recorrió la comunidad para conocer de primera mano sus desafíos ambientales y sociales. Entre ellos identificó las secuelas de la pesca ilegal de pepino de mar y el avance de desarrollos inmobiliarios en la región.
“La naturaleza no puede verse como algo que solo consumimos. Si agotamos los recursos, desaparecen. Hay que proteger el manglar porque de él dependen los flamencos, la biodiversidad y el equilibrio del ecosistema”, subraya.
TÉCNICA, COLABORACIÓN Y MENSAJE COLECTIVO
Para sus murales, la artista parte de referencias fotográficas que luego transforma mediante una técnica pictórica con acabado acuarelado. El uso del agua genera efectos de desgaste y movimiento que permiten que la obra dialogue con el paso del tiempo y la textura original del muro.
El proyecto implicó también un reto técnico considerable, pues fue necesario preparar previamente la superficie para asegurar su resistencia ante las condiciones climáticas del puerto.
Margot reconoce el trabajo en equipo detrás del mural. Participa su asistente, el fotógrafo Víctor Macías, así como la influencia visual de creadores locales, entre ellos Alejandro González, fotógrafo especializado en aves de la península.
Además, la artista no deja de mencionar a su inseparable compañero, su perro Jum, quien la acompaña fielmente durante las jornadas de trabajo.
Más allá de su dimensión estética, la muralista insiste en que el propósito central es despertar conciencia social sobre la urgencia de adoptar modelos de desarrollo que no comprometan el patrimonio natural.
“Sabemos que la presión turística e inmobiliaria es fuerte, pero la comunidad puede organizarse para proteger su territorio. El arte es una manera de dar fuerza y visibilizar lo que está en riesgo”, afirma.
Con esta intervención, Margot se suma al conjunto de murales que hoy transforman el paisaje urbano de Sisal, dejando un mensaje claro: el desarrollo debe dialogar con la naturaleza y respetar la memoria territorial.
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