
Otro de los wayes recordados en la tradición oral de Yucatán es el Wáay Chivo, figura temida por sus apariciones en la zona henequenera. Su memoria se conserva gracias a los relatos recopilados por Manuel y Rodolfo Chuc Pinto en su obra Sucesos Insólitos del Cacicazgo de Ceh Pech. Allí se incluye el testimonio de don Nazario Chalé May, vecino de Muxupip, quien conoció de cerca a Santiago Conde, brujo célebre en su tiempo, un hombre misterioso capaz de transformarse en chivo o en culebra para enfrentarse a sus enemigos.
Los enfrentamientos del Wáay Chivo
Don Nazario relató dos episodios que marcaron la fama de “San Conde”. El primero ocurrió cuando el brujo tuvo una fuerte discusión con el padre de Nazario:
“Llegó convertido en Wáay Chivo y peleó con la ayuda de su machete. Entonces tomé la escopeta y logré asustarlo; de lo contrario hubiera matado a mi papá”.
El segundo enfrentamiento se dio contra Antolín Méndez, un hombre que, gracias a tener un rifle preparado, consiguió ahuyentar al brujo en plena pelea. En ambos casos, la figura de Santiago Conde aparecía bajo la forma del chivo, animal con fuerte carga simbólica en las creencias populares, asociado al poder de la transformación y a la fuerza del mal.
El brujo y sus artimañas
Más allá de los combates, Nazario también compartió aspectos de la vida cotidiana del Wáay Chivo. Contaba que cuando Santiago Conde quería saciar su afición por el aguardiente, utilizaba medios insólitos para conseguirlo:
“Cuando el brujo quería echarse su resaca, siempre utilizaba a un chamaco para el mandado. Le daba una hoja de una mata de campo, y el chiquito, a su regreso, hasta vuelto le entregaba. ¡Eso fue verdad: yo fui testigo!”.
Este detalle, aparentemente sencillo, reforzaba la idea de que el Wáay Chivo dominaba artes secretas capaces de burlar la realidad, transformando una simple hoja en dinero con él que satisfacía sus deseos.
El legado de “San Conde”
El recuerdo de Santiago Conde, el Wáay Chivo, permanece vivo en los relatos de la región. Su figura combina la imagen del brujo poderoso con la del hombre común que, pese a su fama temible, también dejaba ver debilidades humanas, como su afición al aguardiente. Su leyenda, tejida entre el miedo, la admiración y el asombro, se suma al vasto imaginario de los wayes que todavía hoy forman parte del patrimonio oral de Yucatán.
