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En el IV Domingo de Cuaresma, conocido tradicionalmente como domingo “Laetare” —que significa “alégrense”—, la Iglesia invita a los fieles a vivir un momento de esperanza en medio del camino penitencial hacia la Pascua. Las lecturas proclamadas corresponden al Ciclo A: 1 Samuel 16, 1.6-7.10-13; Efesios 5, 8-14; y Juan 9, 1-41, donde resuena la afirmación de Jesús: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 9,5).

Durante la reflexión dominical se recordó que este día introduce una nota de alegría dentro del tiempo cuaresmal. Antiguamente, incluso la liturgia permitía que los sacerdotes utilizaran casulla color rosa para expresar ese sentido de esperanza en medio de la preparación espiritual rumbo a la Pascua.

Se explicó que, en otras épocas, la Cuaresma se vivía con mayor rigor, evitando celebraciones sociales como bodas o fiestas, mientras que hoy muchas de esas prácticas han cambiado. No obstante, el llamado central sigue siendo el mismo: prepararse espiritualmente para el encuentro con Cristo resucitado.

Jesús, luz que abre los ojos del corazón

El Evangelio según san Juan (Jn 9,1-41) relata la curación de un ciego de nacimiento, a quien Jesús devuelve la vista utilizando lodo hecho con su saliva. Para quienes miran el relato desde la fe, este gesto recuerda el acto creador narrado en el Génesis (Gn 2,7), cuando Dios forma al ser humano del barro y le da vida.

La reflexión subrayó que este milagro no sólo devuelve la vista física, sino que simboliza una nueva creación, en la que Cristo permite ver la verdadera luz del mundo.

En este sentido, también se citó la enseñanza del Primer Libro de Samuel (1 Sam 16,7):

“El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones.”

El mensaje invita a revisar la propia manera de mirar a los demás, dejando de lado criterios superficiales como la apariencia, el estatus social, el dinero o el poder, para descubrir la dignidad profunda de cada persona.

El verdadero milagro: llegar a la fe

Se recordó que los milagros de Jesús siempre tienen como propósito conducir al ser humano a la fe. En el relato evangélico, el mayor prodigio ocurre cuando el hombre curado reconoce a Cristo como el Hijo del Hombre y proclama:

“¡Creo, Señor!” (Jn 9,38), postrándose para adorarlo.

Por contraste, algunos fariseos se negaron a reconocer el signo realizado por Jesús, preocupándose más por cuestionar que la curación ocurrió en sábado, día de descanso según la ley judía.

La reflexión señaló que quienes creen ver por sí mismos, sin la luz de Dios, terminan permaneciendo en la oscuridad espiritual.

Llamado a vivir como hijos de la luz

La segunda lectura, tomada de la Carta de san Pablo a los Efesios (Ef 5,8-14), exhorta a los cristianos a vivir coherentemente con la fe:

“En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz.”

El apóstol invita a dar testimonio con la vida, practicando bondad, santidad y verdad, y concluye con un llamado que recuerda un antiguo himno cristiano:

“Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.” (Ef 5,14)

Próxima celebración de San José

También se recordó que el jueves 19 de marzo se celebrará la fiesta de san José, esposo de la Virgen María y protector de la Sagrada Familia. Se invitó a los fieles a contemplar su ejemplo de responsabilidad y amor familiar, pidiendo su intercesión especialmente por los padres de familia.

Reflexión sobre el Día Internacional de la Mujer

Finalmente, se mencionó la marcha del 8 de marzo, realizada con motivo del Día Internacional de la Mujer, señalando que refleja una creciente conciencia sobre la dignidad femenina. Se expresó el deseo de que esta conciencia se traduzca en un compromiso social por la igualdad y el respeto entre hombres y mujeres, rechazando toda forma de injusticia.

Asimismo, se hizo un llamado a que las manifestaciones se desarrollen en un ambiente de paz, evitando actos de violencia o daños a edificios públicos, religiosos o comerciales.

La reflexión concluyó pidiendo la intercesión de María Santísima para que Dios bendiga a todas las mujeres y a las familias.

“Que tengan todos una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!”, fue el mensaje final dirigido a la comunidad.

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