
Mérida, Yucatán, 28 de septiembre de 2025.-
En el marco del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario, el Arzobispo de Yucatán, Mons. Gustavo Rodríguez Vega, exhortó a los fieles a escuchar y vivir la Palabra de Dios en la vida cotidiana, recordando que el Evangelio no es adorno para los hogares, sino alimento espiritual que debe meditarse y practicarse.
Durante su homilía, que coincidió con la conclusión de la Semana de la Biblia en la Arquidiócesis, Rodríguez Vega animó a los católicos a leer la Sagrada Escritura en familia o de manera personal, retomando las lecturas dominicales o al menos un capítulo diario. Asimismo, recordó que este martes 30 de septiembre la Iglesia celebrará la fiesta de San Jerónimo, traductor de la Biblia al latín, quien permitió que la gente sencilla pudiera comprender la Palabra de Dios en la lengua común de su tiempo.
Refiriéndose al Evangelio según San Lucas (Lc 16, 19-31), el prelado explicó la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón. Subrayó que el nombre de Lázaro significa “el ayudado por Dios”, mientras que al rico no se le da nombre, pues en la sociedad son reconocidos por sus apellidos los poderosos, pero los pobres son ignorados.
El Arzobispo señaló que la enseñanza de Jesús es clara: el pobre fue recibido en el seno de Abraham, mientras que el rico fue condenado al castigo eterno, mostrando que el cielo se gana en la vida presente.
“Aquí en la tierra también existe un gran abismo entre ricos y pobres, pero sí es posible cruzarlo”, afirmó Rodríguez Vega. Explicó que los pobres lo cruzan cuando no envidian al rico, comparten lo poco que tienen y confían en Dios, mientras que los ricos lo hacen cuando respetan a los necesitados, pagan salarios justos, promueven el empleo, comparten sus bienes y colaboran con la misión de la Iglesia de acoger, proteger y promover la dignidad de cada persona, en especial del migrante.
En relación con la primera lectura (Am 6, 1.4-7), recordó la advertencia del profeta Amós contra aquellos que viven en la abundancia sin preocuparse de las desgracias de sus hermanos. Por su parte, el Salmo 145 muestra a un Dios que ama al justo y defiende al oprimido, al ciego, a la viuda, al huérfano y al forastero.
En la segunda lectura (1 Tim 6, 11-16), Rodríguez Vega retomó la exhortación de San Pablo al obispo Timoteo: vivir en rectitud, fe, amor, paciencia y mansedumbre, y luchar el noble combate de la fe.
“Nadie es bueno porque así haya nacido, sino porque lucha contra las tentaciones del maligno, aunque nadie lo vea”, expresó el Arzobispo.
Finalmente, deseó a todos los presentes una feliz semana, concluyendo con la aclamación: “¡Sea alabado Jesucristo!”.
