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Mérida, Yucatán, 28 de junio de 2025 — En el marco del XIII Domingo del Tiempo Ordinario y la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, el Arzobispo de Yucatán presidió una emotiva homilía centrada en el legado de estos pilares de la Iglesia, destacando su entrega, martirio y la autoridad que aún hoy representan en la vida de la comunidad católica.

Durante la celebración litúrgica, el Arzobispo recordó con gratitud que fue un 29 de junio de hace diez años cuando el Papa Francisco, “de feliz memoria”, le confirió el palio arzobispal como signo de su servicio pastoral al frente de la Arquidiócesis de Yucatán.

El prelado subrayó que a pesar de su origen humilde, san Pedro y san Pablo son reconocidos como “príncipes de la Iglesia”, pues su enseñanza y testimonio fueron directamente confiados por Cristo. Añadió que el número de apóstoles, aunque simbólicamente representado por doce (en memoria de los patriarcas de Israel), incluye a Pablo como un instrumento escogido por Dios, con una autoridad apostólica confirmada por la comunidad cristiana primitiva y por el contenido inspirado de sus cartas.

Asimismo, abordó las críticas actuales a las enseñanzas morales de la Iglesia, afirmando que las epístolas paulinas fueron aceptadas desde el primer siglo como Palabra de Dios. También rechazó la validez doctrinal de los evangelios apócrifos, recordando que estos nunca fueron considerados parte del canon por la Iglesia ni leídos como inspirados en las primeras comunidades.

El Arzobispo rememoró los martirios de Pedro y Pablo en Roma, entre los años 64 y 67 d.C., destacando el simbolismo del color rojo usado en la liturgia de este día, en honor a la sangre derramada por ambos santos. Subrayó que Pedro fue crucificado cabeza abajo como obispo de Roma, siendo el primer Papa, y que Pablo fue decapitado tras haber sufrido múltiples persecuciones.

En su reflexión sobre la primera lectura del Libro de los Hechos (Hech 12, 1-11), recordó cómo un ángel liberó a Pedro de la cárcel bajo el reinado de Herodes, al tiempo que la comunidad cristiana oraba por él. “Dios siempre escucha la oración de la Iglesia”, afirmó, aunque señaló que incluso la oración más ferviente no puede cambiar los designios divinos.

El Evangelio del día (Mt 16, 13-19) fue el punto culminante de la homilía, al recordar la confesión de fe de Simón: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, y cómo Jesús lo nombra Pedro, la “piedra” sobre la cual edificará su Iglesia. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”, citó el Arzobispo, resaltando que ni las persecuciones externas ni los pecados internos podrán destruir la Iglesia fundada por Cristo.

El Arzobispo concluyó su mensaje exhortando a los fieles a colaborar personalmente con su fe y testimonio, para que se siga cumpliendo la profecía de Jesús: “Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella”.

“Sea alabado Jesucristo”, finalizó el Arzobispo, deseando a todos una feliz semana.

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