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El mundo vive una carrera contra el tiempo para salvar a los rinocerontes blancos del norte (Ceratotherium simum cottoni), una subespecie que habitó África Central durante millones de años y que hoy enfrenta su desaparición definitiva a causa de la acción humana.

Desde la muerte de Sudan en 2018, el último macho de su especie, los rinocerontes blancos del norte quedaron funcionalmente extintos. Solo sobreviven dos hembras: Najin, de 35 años, y su hija Fatu, de 24 años. Ambas viven bajo protección armada las 24 horas del día en la reserva Ol Pejeta Conservancy, en Kenia.

La caza furtiva por sus cuernos —valuados en el mercado negro más que el oro— llevó a esta especie al borde del colapso. De miles de ejemplares que existían en África Central, en 2008 solo quedaban ocho en zoológicos alrededor del mundo. Hoy, Najin y Fatu son las últimas representantes.

La ciencia, su única esperanza

La reproducción natural es imposible: Najin tiene tumores ováricos y no produce óvulos viables; Fatu aún es fértil, pero ninguna de las dos puede gestar. Por ello, científicos del consorcio internacional BioRescue, en colaboración con el Instituto Leibniz de Investigación sobre Zoológicos y Vida Silvestre (IZW) de Berlín, han recurrido a técnicas de fecundación in vitro (FIV).

Hasta mediados de 2024, los investigadores han logrado crear 35 embriones viables utilizando óvulos de Fatu y esperma congelado de machos ya fallecidos, entre ellos Sudan, Suni y Angalifu. Estos embriones permanecen preservados en nitrógeno líquido en un laboratorio de Italia.

El plan consiste en implantarlos en hembras de rinoceronte blanco del sur (Ceratotherium simum simum), una subespecie emparentada, que actúan como madres sustitutas.

Primeros avances y contratiempos

En septiembre de 2023, el equipo logró por primera vez un embarazo exitoso en rinoceronte mediante transferencia embrionaria. Una hembra de rinoceronte blanco del sur desarrolló un feto masculino de 6,4 centímetros, correspondiente a 70 días de gestación. Sin embargo, la madre sustituta murió a causa de una infección bacteriana provocada por inundaciones en su hábitat.

A pesar de la pérdida, los investigadores confirmaron que la técnica funciona, lo que abre una ventana de esperanza para rescatar a la especie.

Una carrera contra el reloj

El desafío ahora es repetir el procedimiento con nuevas madres sustitutas y lograr que nazca una cría mientras Najin y Fatu sigan con vida, de modo que el pequeño aprenda de ellas los comportamientos sociales propios de los rinocerontes blancos del norte.

Los científicos estiman que en los próximos dos a tres años podrían darse los primeros nacimientos. De lograrse, sería un paso histórico para la conservación de especies y un ejemplo de cómo la ciencia puede intentar reparar el daño causado por la caza furtiva y la explotación humana.

Si fracasan, desaparecerá no solo una subespecie única, sino también 55 millones de años de evolución que no podrán recuperarse jamás.

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