



DZIDZANTÚN YUC. 2 de agosto de 2026. Hay negocios que venden un producto y hay otros que, sin proponérselo, terminan horneando recuerdos. En Dzidzantún, el aroma del pan recién salido del horno de leña anuncia desde hace 43 años que la jornada apenas comienza. Ese olor tiene nombre: Tos Ha Ché, una panadería que ha logrado convertirse en patrimonio cotidiano de generaciones enteras gracias a una receta sencilla pero difícil de igualar: trabajo, perseverancia y buen trato.
Este domingo, entre abrazos, anécdotas y el inconfundible perfume del pan caliente, la familia Lizama celebró el cuadragésimo tercer aniversario de un negocio que nació de la adversidad y que hoy es referente del buen sabor en el oriente y la costa yucateca.
Familiares, amigos, colaboradores y clientes de toda la vida fueron testigos de una celebración cargada de emociones, donde el pasado y el presente se encontraron alrededor del horno que ha visto crecer no solamente una empresa familiar, sino también a buena parte de la comunidad.
El primero en tomar la palabra fue Edward Lizama Cruz, quien rindió un sentido homenaje a los fundadores de la panadería: su padre Andrés Lizama Manrique y su tío Roque Jacinto Lizama Manrique, hombres que hace 43 años decidieron comenzar de nuevo después de ser despedidos de una conocida panificadora del municipio por exigir mejores condiciones laborales.
«Me da orgullo ver hasta dónde ha llegado la panadería que fundaron mi tío y mi papá, que siguen en pie. No ha sido fácil, ha sido un camino largo, pero seguimos luchando día a día ofreciendo a nuestra gente un producto fresco y de la mejor calidad», expresó.
Las palabras encontraron eco en Yaritza Lizama, quien recordó que detrás de cada pieza de pan existe también el esfuerzo cotidiano de quienes integran el equipo de trabajo.
«Aquí atendemos desde adultos mayores que llegan desde temprana hora, hasta niños que desde pequeñitos vienen y con el paso del tiempo se van convirtiendo también en nuestros clientes. El trato que reciben es importante para que regresen y nos llena de felicidad cuando ( decir que el sabor que tiene nuestro pan no lo encuentran en ningún otro lugar», afirmó.
Entre los asistentes estuvo el joven empresario Pablo Nah, quien compartió un testimonio que refleja el arraigo que la panadería ha construido con el paso del tiempo.
«Me da gusto ver cómo algo que comenzó de una manera muy pequeña hoy haya crecido de esta manera y espero que pronto su producto llegue a otras partes del estado», comentó con nostalgia quien, siendo niño, acudía diariamente por el pan para su familia.
EL ÁRBOL QUE LLOVIZNA
Detrás del peculiar nombre de la panadería existe una historia tan sencilla como entrañable.
En entrevista, Roque Jacinto Lizama Manrique explicó que Tos Ha Ché significa en lengua maya «árbol que llovizna», denominación inspirada en una mata ubicada junto al primer establecimiento, cuyas hojas dejaban caer pequeñas gotas de agua a distintas horas del día, como si una llovizna permanente acompañara el lugar.
Los primeros años fueron de sacrificios. Sin contar con un horno propio, los hermanos Lizama Manrique debían rentar uno para elaborar su pan. La oportunidad de crecer llegó gracias a un crédito otorgado durante el gobierno del entonces gobernador Víctor Cervera Pacheco, apoyo que permitió adquirir equipo propio y consolidar el negocio.
Para don Roque, el secreto de permanecer vigentes durante más de cuatro décadas nunca ha sido un misterio.
«El buen trato al público. Eso es lo más importante», resume con la sencillez de quien ha hecho de la atención al cliente una filosofía de vida.
EL PAN QUE ALIMENTÓ LA ESPERANZA
Entre los episodios que marcaron la historia de Tos Ha Ché destaca uno que permaneceece vivo en la memoria colectiva de Dzidzantún.
Tras el paso del Huracán Isidoro, cuando gran parte del municipio permanecía bajo el agua y sin energía eléctrica, la panadería de los hermanos Lizama Manrique fue la única que continuó trabajando.
Mientras otros hornos permanecían apagados, ellos amasaban a mano y utilizaban su tradicional horno de leña para elaborar pan francés y pan árabe que fueron distribuidos gratuitamente entre las familias afectadas, en coordinación con el Ayuntamiento.
Fue un gesto solidario que convirtió al pan en alimento y esperanza para cientos de habitantes que atravesaban uno de los momentos más difíciles de la historia reciente del municipio.
DONDE EL DÍA COMIENZA ANTES DEL AMANECER
La rutina en Tos Ha Ché inicia cuando buena parte del pueblo aún duerme.
Desde las cuatro y cinco de la madrugada llegan los primeros clientes: pescadores que parten hacia Santa Clara para embarcarse durante quince días y campesinos que emprenden el camino hacia la milpa.
Unas horas después, alrededor de las ocho de la mañana, aparece uno de los momentos más esperados del día: el pan francés recién salido del horno, acompañado por una amplia variedad de pan dulce, pasteles, hojaldras y arrolladitos que se han convertido en sello distintivo del establecimiento.
UNA TRADICIÓN QUE SIGUE CRECIENDO
Lejos de conformarse con lo alcanzado, la familia Lizama continúa escribiendo nuevos capítulos.
En los próximos meses proyecta abrir una sucursal en Dzilam González, que se sumará a la ya establecida en Yobaín, mientras mantiene firme el sueño de instalar próximamente un expendio en Mérida para llevar el sabor tradicional de Dzidzantún a un mercado más amplio.
Como parte de los festejos por el aniversario, el alcalde Ángel Guerrero Vivas encabezó el corte simbólico del listón de reapertura del establecimiento.
La celebración incluyó refrescos, tacos, abundante pan dulce para todos los asistentes, espectáculos infantiles y un ambiente de convivencia familiar que se prolongó durante varias horas.
La fecha coincidió además con el regreso de la imagen de Santa Clara de Asís a la parroquia de Dzidzantún, procedente del puerto de Santa Clara, por lo que numerosos peregrinos que realizaron el recorrido a pie fueron invitados a compartir el festejo.
Al concluir la celebración, Yaritza Lizama resumió el espíritu de una empresa que ha sobrevivido al paso del tiempo sin perder su esencia.
«Es nuestra manera de agradecer a nuestros clientes su preferencia a lo largo de todo este tiempo.»
Porque hay lugares donde el pan no solamente alimenta. También conserva la memoria de un pueblo. Y en Dzidzantún, desde hace 43 años, esa memoria sigue saliendo del horno cada amanecer.
